
Un día de lluvia, aburrido, decidí echar un vistazo a la estantería. Encontré un libro que parecía ser muy interesante titulado “Secretos Ocultos”, me senté en el sillón y empecé a leerlo con gran entusiasmo. Las primeras páginas me parecían poco entretenidas pero luego conforme avanzaba se fue poniendo bastante interesante. Mi madre me vio allí sentado, al ver el título del libro me comentó que pertenecía a su abuela. Conforme iba leyendo me di cuenta de que aquel libro explicaba muchas cosas sobre mi casa, ya que, la detallaba perfectamente e incluso explicaba rasgos de muchos de mis familiares: tíos, primos y hasta de mi madre. Por un instante, entre líneas leí algo que me llamó mucho la atención.
En la página treinta y siete, se mencionó mi habitación y en especial una cajita de bambú que tengo en mi escritorio. Esa cajita tiene un gran valor sentimental, pues pertenecía a mi bisabuela. Explicaba que bajo la cubierta roja de la cajita había una llave, me dirigí hacia mi habitación, la cogí y con una pequeña tijera desplegué la cubierta y… ¡Cuál fue mi sorpresa que había una llave! Cogí el libro y con mucho esmero seguí leyéndolo y decía: en el sótano un pasadizo encontrarás y esta llave te lo abrirá. Fui rápido y veloz al sótano, al que llevaba años sin entrar. Acompañado por el libro seguí leyendo, la lectura me llevó hasta un rincón de aquel lugar y tal y como indicaba el libro en el suelo había una trampilla. La abrí y al fijarme detenidamente se podía apreciar una brillante luz en medio de la oscuridad del subsuelo. Tras acercarme un poco más pude ver unas escalerillas de madera. Bajé cuidadosamente, estaba todo en la más absoluta oscuridad, pero al pisar el suelo un gran número de antorchas se encendieron, por sí solas, como por arte de magia. Estaba alucinado por todo lo que me estaba pasando, seguí andando pero no ocurría nada. Tras un buen rato caminando presencié un ruido detrás de mí, intranquilo empecé a mirar por todas partes y encontré una pequeña nota en la que decía: encuéntrame en tu corazón. Pero… -¿a quién se supone que tendría que encontrar?-pensé, y en pocos segundos una suave brisa recorrió todo mi cuerpo y mi nombre empecé a escuchar desde una dulce y hermosa voz a la cual sin pensar me acerqué, no creía lo que mis ojos estaban viendo, era mi casa y en ella estaban mi familia pero años atrás, pues, mi madre podría tener mi edad y mi abuela estaba realmente joven, pero lo más sorprendente era esa señora con esos cabellos blancos, ese agradable aroma a jazmín, esa mirada tan dulce y limpia que no pude resistir el dirigirme a ella para saber quien era y que estaba pasando, ya que, todo era muy extraño. Mi madre se acercó a ella llamándola abuela, en ese momento comprendí que se trataba de mi bisabuela, esa adorable mujer de las que tantas veces mi madre me hablaba con gran cariño. Mi madre se metió en la cama y mi bisabuela le empezó a cantar la misma canción de cuna que mi madre me cantaba cuando era más pequeño, comencé a escucharla y sin poder remediarlo mis ojos empezaron a cerrarse lentamente pero me sentía tan feliz…Un instante después, abrí los ojos y nuevamente me encontraba en el sillón con el libro entre las manos. Me enfadé muchísimo, ya que, comprendí que todo había sido un dulce sueño. Me fui hacia mi habitación furioso y nuevamente recorrió por todo mi cuerpo esa suave brisa dejando ese maravilloso olor a jazmín. Pensé si lo sucedido fue real o tan sólo un sueño. Pienso que la respuesta la podré encontrar en la lectura… ¿no pensáis lo mismo?
Autor: Aniceto Sánchez Ruiz 4ºB
