
María subió al viejo desván de su casa para esconderse de su madre porque quería leer un viejo libro que guardaba su madre y que tantas veces le había repetido que no podía leer, se sentó en una caja de cartón y comenzó a leerlo. María, aterrada no pudo acabar de leer el libro, pues era una historia escalofriante.
La pequeña fue en busca de su madre y comenzó a llamarla mientras bajaba las escaleras.
-Mamá... mamá-decía María.
La madre de la pequeña María no contestaba. Minutos antes había sido brutalmente asesinada por un despiadado hombre. María tenía apenas siete años de edad y estaba viviendo una experiencia totalmente aterradora. Bajó al salón y se encontró a su madre tirada en el suelo con varias puñaladas en el pecho. De repente tuvo que abandonar a su madre cuando se percató que el hombre que la había matado iba tras ella.
-¡María!-gritó el hombre.
La niña corrió por el pasillo de su casa, subió las escaleras y volvió al desván. María se escondió detrás de una enorme caja de cartón destinada a guardar trastos viejos. El hombre subió lentamente las escaleras que lo conducirían al desván y escuchó el crujir de los mismos.
-¡María!-volvió a gritar el hombre.
La niña, agazapada en las sombras, lloraba en silencio para no ser vista. De repente algo le rozó la mano, intentó no gritar, se tapó la boca y se giró lentamente para ver lo que era, solo era un pequeño ratón, lo apartó cuidadosamente con aquel viejo libro que había empezado a leer.
El hombre había subido al desván, y lentamente caminaba a través de él.
-¿Dónde estás pequeña?-preguntó el misterioso asesino.
María temblaba de miedo y se le pasó por la cabeza la imagen de su madre, allí en el salón, tirada en el suelo con varias puñaladas en el pecho y sin poderlo evitar comenzó a llorar desesperadamente, la pequeña se dio cuenta de que estaba ocurriendo lo mismo que había leído en aquel viejo libro, entonces comprendió por qué su madre se lo tenía prohibido y se sentía muy culpable. Pero María no sabía como acababa el libro pues no había terminado de leerlo.De repente, se percató de que algo no iba bien, notó una presencia junto a ella, se giró y vio al asesino. Cerró los ojos fuertemente y dijo:
-No me hagas daño por favor...
-No te preocupes María, pronto verás a mamá-añadió el hombre.
María levantó la cabeza, abrió los ojos y vio que el misterioso asesino era su propio padre.
-¿Papá?... No por favor, no me hagas daño papá.
Minutos más tarde no se escuchó nada. Hubo silencio. Lo siguiente que aconteció en el oscuro y frío desván fue algo aterrador. María se reunió con su madre... en el cielo, y José, el padre, se quitó la vida degollándose el cuello.
Autora: Lydia Herrerías 4ºA
