martes, 20 de abril de 2010

Paula y su aventura con los libros


Yo soy Paula y mi aventura con los libros es esta:
A mí desde pequeña no me ha gustado leer, ni libros, ni revistas, ni periódicos, ni carteles, etc.

Ya tengo treinta y dos años y hace cinco años encontré al hombre de mi vida, era guapo, simpático, inteligente, muy inteligente.

Él tenía un sueño, era montar una consulta de medicina y que trabajáramos juntos, pero él no quería que fuera su secretaria, ni nada de eso, él quería que yo fuera médica como él. A mí la idea no me entusiasmaba, por eso cada vez que hablaba de ese tema, yo cambiaba de conversación, o miraba hacia otro lado. No me atrevía a decirle que yo no había cogido un libro en mi vida.
Entonces una tarde, Mario, mi marido, vino de la biblioteca con bolsas y bolsas de libros sobre medicina, claro, yo me quedé sorprendida al ver tantos libros. Esos libros me servían para prepararme para ir a la universidad.
Pasó un mes y yo no podía más, entonces me senté una tarde a hablar con él y le dije toda la verdad, que no me gustaba leer desde pequeña y que nunca me había interesado el mundo de la lectura. Pero en ese justo momento me di cuenta de que leer no era tan duro y aburrido como decía la gente, y hasta me di cuenta de que me gustaba.
Él dijo que no pasaba nada, que podría cambiar sus planes y se iría a otro sitio a trabajar. Y mientras él buscaba trabajo, yo, me aficioné a leer libros de medicina. Cuando llegó a casa, cansado de estar todo el día de un lado a otro le conté que todo ese día estuve leyendo libros sobre medicina, al principio pensaba que estaba de broma, pero se dio cuenta de que iba en serio, se puso muy contento cuando escuchó la noticia. Cinco años después me saqué la carrera, pero él se la sacó un año antes. Pensaba que todo eso iba a ser mucho más duro, no digo que no sea duro, pero mientras yo estudiaba y leía libros me resultaba cada vez más sencillo y me entretenía demasiado por cosas muy curiosas.
Al cabo de un tiempo, mi marido llegó contento a casa, al principio no sabía a qué se debía tanta felicidad, después de un largo rato pensando en qué podía ser, me dijo que le habían ofrecido un gran local donde podíamos trabajar en su sueño. Entonces un tiempo después pusimos en marcha su sueño. Al principio fue duro, porque la gente no entraba, vamos que no le interesábamos, pero un día un cliente extranjero entró en nuestra clínica. Mi marido me dijo que lo atendiera yo, pues había estudiado mucho, para que no me quedara parada. Él extranjero, sorprendido por mi trabajo me propuso irme a New York a especializarme . Yo la verdad estaba entre la espada y la pared, porque a mí después de todo lo que había estudiado me interesaba ir para seguir ampliando mis conocimientos, pero por otro lado si yo me iba el sueño de mi marido se iba a fastidiar ya que lo teníamos todo montado.
No se lo dije a mi marido hasta que pasaron semanas y semanas. Me puse en contacto con el extranjero, estuvimos hablando de cuánto tiempo tendría que pasar por allí si aceptara su petición, me dijo que él no sabía, que según me fueran las cosas. Por fin llegué a casa y estuve hablando con Mario. Al día siguiente llamé al extranjero, y rechazé su propuesta.
Mi marido sorprendido me preguntó que por qué lo había hecho, yo, le dije que para mí era importante seguir estudiando, pero que era muchísimo más importante su felicidad. Al principio no se lo podía ni creer, estaba emocionado.
A partir de ese día nuestra clínica se hizo muy famosa, porque aquel amable extranjero hizo carteles para pegarlos por todos lados de donde él viajaba. Nos llegaban muchas propuestas para irnos de la clínica, pero todas las rechazábamos, porque habíamos cumplido nuestro sueño.
Bueno y así yo me di cuenta de lo mucho que me gustaban los libros.
Os dejo, tengo que atender a un paciente.

Autora: Luna Peláez Pulido 1ºB