
Recuerdo que de pequeño mi abuelo me contaba una leyenda la cual nunca olvidaré. Que decía:
Dos niños oyeron una historia sobre un cofre perdido en el que se hallaba un libro que decía que quien lo encontrara conseguiría cumplir sus sueños.
Al día siguiente los dos niños dijeron de ir en busca del cofre que contenía el libro. Mientras se pensaban dónde podría estar escondido, recordaron que en la historia se mencionaba que estaba enterrado en un lugar muy próximo al Pino De Los Sueños, se llamaba así porque se encontraba en lo más alto de una montaña de Sierra Morena, más o menos por las afueras de Córdoba.
Eso hizo recordar a uno de los niños que su abuelo tenía un campo por aquellas montañas y que una vez lo llevo hasta ese mismo árbol. Entonces, hablaron con sus padres, y el padre de uno de ellos, se comprometió a llevarlos hasta allí.
Cuando por fin llegaron, los dos niños se aventuraron por aquellos montes hasta poder divisar el árbol que buscaban. Todavía les quedaba un rato para llegar hasta el árbol, y decidieron descansar, pero cuando acordaron, se estaba haciendo de noche, y empezaron a correr por los montes hasta llegar al árbol. Allí inspeccionaron la zona y divisaron una especie de pergamino viejo en la copa del Pino De Los Sueños, entonces uno de ellos subió hasta alcanzarlo. Cuando leyeron la parte en la que decía donde se hallaba el cofre, se ilusionaron, miraron y ponía:
“Si puedes ver el agujero que tengo en mi tronco, ponte debajo y mira hacia delante, verás un tronco cortado a ras del suelo, mirando desde el mismo punto ( desde el agujero que tengo) observa que a unos cinco metros a la derecha del tronco cortado hay una cosa que te llamará la atención”.
Haciendo esto los dos divisaron un montoncito de arena cubierto de ramas secas, y se fueron hacia él, empezaron a escarbar con mucha alegría uno de ellos gritó:
- ¡¡¡Lo tengo!!!, ¡Lo he encontrado!, ¡ven, corre!
Entonces los dos amigos lo abrieron y encontraron el libro. Su título era “EL LIBRO DE LOS SUEÑOS”. Los dos niños asombrados, vieron que era ya casi de noche y que su padre estaría preocupado, entonces pidieron el deseo de volver con su padre y el de llevarse el libro. Cuando llegaron el hombre los montó en el coche y se los llevó. Y los dos niños tan alegres se miraron y se guiñaron el ojo.
Autor: Álvaro Blanco Ruiz 1ºA
