
Había una vez, en un reino más cercano de lo que puedes imaginar, un joven bufón que soñaba con ser rey.
Cada día, se levantaba temprano y observaba tras los cristales de palacio al poderoso rey. Pensaba que éste era muy afortunado, pues podía mandar sin tener que rendir cuentas a nadie; podía poseer los trajes más hermosos; podía comer los manjares más apetitosos y podía comprar cualquier cosa que se le antojase.
Estando el bufón sumido en sus pensamientos le sobresaltó el roce de una mano sobre su hombro. Al girarse vio al anciano sabio del reino que le invitaba a sentarse en el jardín de palacio.
- Te he observado mientras mirabas tras los cristales y tus ojos mostraban tanta tristeza que no he podido pasar de largo - le explicó.
- Sólo pensaba en lo maravillosos que es ser rey – dijo el bufón – en todas las cosas que jamás podré hacer, ni tener, ni sentir, por ser un insignificante bufón.
- Creo que te equivocas – le contestó el sabio.
El bufón, sorprendido, quiso saber el porqué de aquella afirmación, por lo que el sabio prosiguió:
- Conozco a un hombre que nunca ha sentido el frescor de la hierba bajo sus pies, pues siempre caminó con ajustados zapatos y nunca pudo desviarse por otros senderos pues su camino ya estaba establecido.
- ¡Qué pena! - dijo el bufón – a mí me encanta corretear descalzo y sentir la hierba bajo mis pies, embriagarme con el perfume de las flores y dormir bajo la sombra de aquel castaño centenario.
El anciano prosiguió:
- Conozco a un hombre que nunca he hecho sonreír a nadie pues con sus decisiones provoca sólo la ira de los hombres lejanos y la tristeza de los más cercanos.
- ¡Qué triste! - contestó el bufón – cuando yo hablo, todo el mundo ríe a carcajadas y por donde paso voy sembrando sonrisas.
El sabio anciano concluyó:
- Sé de un hombre que no conoce el amor verdadero porque todos cuantos le rodean buscan su propio beneficio, y a nadie le importa la soledad y la tristeza de su alma.
Los ojos del bufón comenzaron a brillar de tristeza y su corazón se conmovió al pensar en la historia de aquella persona. Reflexionó y se sintió estúpido y egoísta y sólo pudo preguntar al sabio quién era aquel hombre.
El anciano sabio se levantó despacio, se acercó al joven bufón y le susurró al oído:
- Ese hombre, es el Rey ...
Autora: Teresa López Bayo
