
En un pequeño pueblo de Extremadura, había un anciano muy aficionado a la lectura, cuya única preocupación era distraer a su pequeña nieta Violeta.
La pobre niña era ciega y no podía leer, pero ella era una chica muy alegre y le encantaba estar con su abuelo, porque le relataba cuentos constantemente, ya que ella no podía leer.
Su abuelo era el bibliotecario de la pequeña biblioteca que había en la escuela del pueblo.En ella había muchos libros y la mayoría eran cuentos viejos y estropeados.
Al abuelo de Violeta le gustaba tener la biblioteca en orden a pesar de lo viejos que estaban.
El abuelo los leía con mucho entusiasmo para su pequeña nieta Violeta para que pareciesen nuevos. Cuando la pequeña cumplió 11 años, el abuelo ya le había contado y requetecontado todos los libros y cuentos de la pequeña biblioteca.
Entonces una anciana del pueblo, un poco cotilla, como suele ocurrir en todos los pequeños pueblos, aunque a pesar de eso era muy buena y lista,le dijo al abuelo que estaba un poco triste por no poder contarle a su nieta nuevos cuentos, que en la ciudad de Extremadura, todos los años había una gran feria en la que todos los abuelos, bibliotecarios, y vendedores de libros se reunían para intercambiar y vender libros.
Esa feria se llamaba ´´ Feria del libro``. Como todos los años había una feria del libro, el ayuntamiento conmemoró ese día con el nombre ´ Día del libro`.
Entonces el abuelo entusiasmado le dijo a su nieta que le tenía una gran sorpresa que le iba a encantar y entonces viajaron hasta la capital de Extremadura para buscar la dichosa feria.
Buscaron calle por calle, avenida por avenida, plaza por plaza pero nada encontraban…
Entonces el abuelo desanimado pensó en volver de regreso a la casa del pueblo.
Pero cuando ya iban a salir de la ciudad una anciana le preguntó que por qué iban tan tristes. El abuelo contestó que no encontraban una feria en la que le habían comentado que había muchos libros. La anciana le indicó como llegar hasta la feria.
Al fin la encontraron y el abuelito cambió muchos de los libros que ya le había leído a Violeta por otros nuevos, y también compró muchos ya que estaban a muy buen precio.
La niña ciega y el abuelo volvieron al pueblo y desde entonces todos los años Violeta y su abuelo viajaban a ver la Feria del Libro.
Compraban libros y cuentos y así el abuelo nunca dejaría de contar a su nieta esos cuentos que tanta alegría y felicidad le daban.
Así pasaron los años y la niña creció aprendiendo infinidad de cuentos que contó más tarde en la misma biblioteca de su abuelo a la que pasó a ser ella la bibliotecaria…
Autora: Verónica Porras Viana 1ºB
