lunes, 19 de abril de 2010

El sueño de las mil y una noches



No me gustan los libros. Desde siempre me dijeron que la lectura era buena, que no sabia lo que me perdía, pero yo no hacia caso. A mí o me importaba, me gustaba salir y el tiempo que me sobraba no me gustaba perderlo frente a un tonto trozo de papel.
Solamente un libro había captado alguna vez un poco de mi atención, un libro que le había visto a mi madre guardar en el trastero hacía unos días, Las Mil y Una Noches.
Un día de total aburrimiento, mis pies me llevaron hasta el trastero, mientras mis ojos buscaban una caja con la etiqueta: ‘’Libros’’.
La encontré al lado de una caja llena de peluches de mi hermana pequeña. Rebusqué en la caja hasta que encontré un libro de pastas gruesas en tonos morados con un poco de polvo sobre el que se leía un titulo: Las Mil y Una Noches.
Lo abrí y empecé a leer cómo el sultán Shahriar le pedía a Shahrazad que le contara una historia. Shahrazad empezó a relatar...
No sé si aquello fue real o simplemente lo soñé, pero me parecía ver las figuras con gran calidad…

Me encontraba en un palacio árabe, de grandes cúpulas doradas. Alcancé a ver a una bella dama vestida con los ropajes de la que parecía una princesa árabe, exclamando aterrada:
-¡Oh mi señor Aladino! ¡Qué atentado acabas de cometer!
Aladino miraba un cuerpo sin vida en el centro de la sala, razón por la cual la dama estaba tan aterrada. En ese momento no entendía muy bien la situación, solamente vi a Aladino abrazar a la dama y exclamar:
-¡Oh Badrú'lBudur! ¡Demos gracias a Ala, que nos ha librado por siempre de nuestros enemigos!

En ese instante, todo se hizo negro y un nuevo escenario apareció en mi sueño. En este caso, se trataba de una pradera cerca del océano, y vi a un joven con un bastón de oro caminar, pero apartarse a un lado al ver a una gigantesca serpiente salir de detrás de una gran roca, con un hombre en su boca. El hombre gritó al caminante:
-¡Oh, Simbad! ¡Sálvame del furor de esta serpiente y no te arrepentirás de tal acción!
Simbad corrió hacia la serpiente y le asestó un fuerte golpe con el bastón dorada. Ésta cayó al suelo, y Simbad se acercó al hombre y le sacó de la boca de la serpiente.

De nuevo negrura y un lugar nuevo. Era una vieja casa árabe, y tres personas, dos hombres y una mujer, se encontraban de pie uno enfrente del otro. Se les veia felices. El hombre exclamó:
-¡Oh Morgana, hija mía! Para que mi dicha sea completa, ¿quieres entrar definitivamente en mi familia como esposa de mi hijo, ese bello joven que aquí está con nosotros?
La muchacha solo alcanzó a responder, besando su mano:
-Acato y obedezco, Ali Babá.

Ahí desperté. Me encontraba sentada en el sótano de mi casa, con las piernas cruzadas y el libro sobre ellas, abierto por la mitad del relato de Ali Babá. En ese momento comprendí… no había soñado, solo me había quedado absorta leyendo el libro.
Desde ese momento comprendí lo buena que era la lectura, los mundos que puedes descubrir con un simple libro, y las experiencias que podías vivir gracias a lo que yo pensaba que era un tonto trozo de papel.

Autora: Nieves Jiménez Asensio 2ºB