
Una tarde de lunes me dirigía a la biblioteca, a leer un libro que me recomendó mi amiga Patricia, se llamaba Amores Perdidos. Me lo recomendó porque sabía que me gustaban mucho los libros de romance. Me acerqué a la sección donde me dijo mi amiga que estaba y comencé a leer, cada vez me iba metiendo más en el mundo de los libros, una sensación que nunca había sentido antes, seria porque conforme iba leyendo ese libro me iba gustando más, era una sensación nueva que despertaba todos mis sentidos, cada palabra que iba leyendo era como si yo la estuviese realizando, como si yo fuera la protagonista de esa historia tan triste y amorosa. Estaba en mi mejor momento cuando escuché unos gritos que me despertaron de todo y me pegaron un gran susto, esas voces venían de la sección de atrás, en la de aventuras, miré y era un grupo de chicos, no me fijé muy bien en ellos, solo me fijé en uno, nos quedamos mirando un segundo, pero para mí fue como una larga hora, en ese momento me di cuenta de que eran unos chicos del colegio, solo los conocía de vista. El chico en el que me fijé se llamaba Yell, no lo conocía pero me sonaba de haberlo visto en el colegio, y también su hermano era mi vecino porque era mucho más mayor que él y ya se había independizado. Nos mirábamos a cada instante pero algunas veces apartábamos nuestras miradas un poco avergonzados. Me puse otra vez a leer y como estuve muy centrada en el libro, mire el reloj un instante y se me hizo muy tarde y para mi sorpresa, Yell no estaba allí. A la mañana siguiente no lo vi, y sus amigos estaban muy tristes en el recreo. Estaba dudosa, y me propuse ir a preguntarles, y me dijeron que se había mudado para siempre por el trabajo de su padre y ya no estaría en el colegio más. Me di cuenta que mi historia era muy parecida a la de mi libro favorito Amores Perdidos y para mí ya estaba perdido mi amor. No lo volví a ver más. Todos los lunes iba a la biblioteca para leer ese libro que me gustaba tanto y me recordaba el día en que lo conocí, no faltaba ningún lunes a leerlo y cuando lo leía empezaba a llorar porque lo echaba mucho de menos. Quería que estuviese conmigo y nunca alejarse de mí. Un lunes por la tarde fui a la biblioteca como todos los lunes y tan triste como siempre fui a la sección de romance y cuando iba a coger el libro para leerlo, una mano se choco con la mía para coger el mismo libro. Cuando me di la vuelta era Yell, me cogió la mano y me dijo que me echaba mucho de menos y me prometió que nunca nos volveríamos a separar, y a partir de ese día todos los lunes íbamos los dos a leer nuestro libro favorito, AMORES PERDIDOS. Que en mi caso fueron amores recuperados…
Autora:Jessica Martínez Cañete 2ºB
