
En Córdoba había un chaval llamado Eduardo de unos 14 años, le encantaba su ciudad, La Mezquita, El puente Romano, Medina Azahara y sus tantos otros monumentos históricos. En su ordenador tenía fotos de Córdoba antigua, de allá por el 1950, leía periódicos, revistas, buscaba información sobre Córdoba en Internet, veía la televisión, pero notaba que le faltaba algo, hay que decir que él no era un gran apasionado de los libros. El lunes, se levantó un poco perezoso porque el domingo había estado andando por el casco antiguo de Córdoba.
Ese lunes le tocaba clase de Sociales, y cosas de la vida el tema era: Córdoba. Su profesora les decía que aunque ella estuviera explicando que fueran leyendo lo que ponía en el libro, pero Eduardo tenía un gravísimo problema, y era que no le gustaba leer libros, las revistas sí le gustaban porque eran textos cortos y tenían fotos, pero los libros…
Cuando terminó la clase su amigo Rafa le comentó que había visto un libro estupendo sobre Córdoba en la biblioteca; Rafa acudía con asiduidad a la biblioteca ya que su curiosidad era infinita y allí encontraba respuestas. Eduardo no lo tenía muy claro, por un lado le encantaba la idea de saber más sobre su tema favorito, pero por otro le daba mucha pereza ponerse delante de un libro.
Al terminar el colegio se despidieron y cada uno de fue a su casa y Rafa pensó: -“Tengo que hacer algo para que Eduardo no se pierda el fascinante mundo de la lectura.”. Pidió consejo a sus padres y a su hermana. Su padre le aconsejó que le fuera enseñando libros cortos, su madre que los libros tuvieran ilustraciones, por último, su hermana le dijo que lo dejara como caso perdido, pero claro, Rafa no iba a tirar la toalla porque lo dijera su hermana, así que decidió hacerle caso a sus padres.
Al día siguiente, Rafa buscaba como loco a Eduardo para decirle la gran idea que tenía, lo encontró pero en ese momento sonó la campana así que tendría que esperar al recreo, -Te lo cuento en el recreo, dijo Rafa.
Cuando llegó el recreo Eduardo ya lo estaba esperando impaciente en la escalera, entonces Rafa le contó su gran idea, en un principio no le gustó pero se dijo así mismo: “por ser tan vago me estoy perdiendo millones de cosas sobre mi ciudad”, y decidió seguir el consejo de su amigo y comenzar a leer libros. Rafa lo acompañó a la biblioteca y le enseñó la estantería donde estaban los libros de Córdoba. Así fue como Eduardo comenzó en el mundo de la lectura, un tema le llevó a otro, cuando leyó las partes de la Mezquita, buscó libros sobre la religión musulmana. Cuando llegó a la Córdoba romana, leyó libros sobre el mundo de los romanos, su vida, sus costumbres, etc. La lectura se convirtió en uno de sus grandes hobbies.
Eduardo aprendió una gran lección si no lees tu mundo será más pequeño.
Autor: Emilio Alquézar Machín 1ºA
