lunes, 19 de abril de 2010

Hasta que cogí un libro


Nunca tenía tiempo para leer, o más bien, no quería tenerlo. Estaba demasiado ocupado preparando exámenes o jugando a videojuegos, hasta que acababa con dolor de cabeza. Si, por ejemplo, en mi cumpleaños, me regalaban un libro, yo lo despreciaba abandonándolo en una polvorienta estantería o, tal vez, lo aprovechaba para regalárselo a un amigo en su cumpleaños. Por más que mis padres, mi hermana, o mis abuelos insistían en que leyera, yo hacía caso omiso de todos sus consejos y no leía ni un mísero libro.
Hasta que, un lluvioso día de abril, cuando ya estaba cansado de la basura televisiva, cogí un libro. En un principio, pensaba que lo soltaría a los cinco minutos, pero, me equivoqué. Empecé a engancharme a la trama del libro y seguí toda la tarde. Un mundo de aventura y fantasía se acababa de abrir ante mis ojos, un mundo en el que podía ser quien quisiera y hacer lo que quisiera, un mundo en el que podía dar rienda suelta a mi imaginación sin temer nada o a nadie. Y me di cuenta de que en los videojuegos no podías desarrollar la imaginación como lo hacía mágicamente en los libros.
Al día siguiente lo terminé y, justo cuando lo terminé, fui corriendo a comprarme el segundo libro de la saga y, de nuevo, a leer. Pasé día y noche leyendo, incluso me lo llevaba al colegio para leer en los intercambios de clase, recreos o cualquier otro espacio de tiempo, por mínimo que fuera.Continué de esta forma hasta que acabé de leerme la saga entera. Y seguí leyendo otros libros y sagas enteras.
Y así fue como empezó mi afición, la cual continúa hasta hoy, la lectura.

Autor: Alejandro Medina Jaraba 2ºB