
Kevin era un niño que vivía en una ciudad con sus padres y hermanos, un día le dijeron sus padres que se tenían que mudar a otra ciudad por problemas. El niño entristecido empezó a decírselo a sus compañeros.
Dos días después el niño empezó a recoger sus cosas, y entre los escombros de polvo y cosas que había en su habitación se encontró un libro un poco antiguo, Kevin nada más ver el libro lo cogió y empezó a ojear y a ojear hasta que la madre de Kevin lo llamó para que terminara de empaquetar sus cosas, entonces fue cuando Kevin decidió guardar el libro para que en el viaje lo pudiera leer con más tranquilidad.
A lo largo del viaje Kevin decidió sacar el libro para leerlo, el libro tenía pinta de ser antiguo, también era un libro con varios cuentos que trataban de dragones, hadas etc. Pero a él solo le interesaba uno que se titulaba así: ¿dónde están los dragones? Y el niño empezó a contar:
Había una vez una dragona que se llamaba Dulce. Vivía en una cueva, en las profundidades del mar. Siempre iba un niño a jugar con ella, por lo tanto se sentía feliz. Una tarde, cuando el amigo de Dulce ya se había ido se echó a dormir en la cueva y el mar le empezó a cantar una canción, pero la canción que el mar le cantó fue diferente a la que el mar le cantaba siempre y decía la canción:
“Aunque busques en el mar sin parar,
En la tierra y en el mar,
Te tendrás que resignar
¡Pues no quedan ya dragones!
¡Queda Dulce nada más!
Ya no vuelan en el cielo
Y ya nadie escupe fuego.
¡Queda Dulce, ni uno más!”
Al oír la canción, Dulce se puso muy triste. Decidió abandonar su cueva y marcharse a buscar por el mundo a algún otro dragón. El niño estaba muy triste porque su amiga se iba. Le dijo adiós desde la playa y le deseo mucha suerte. Durante un año y un día, Dulce navegó sin cesar.
Hasta que, una mañana, vio a una sirena en una roca. Y le preguntó: - ¿Has visto por aquí a algún dragón? Y la sirena dijo: - pues claro que no. Los dragones no existen.
- pues yo sí que existo – protestó Dulce, muy enfadada.
- A lo mejor no eres un dragón de verdad – respondió la sirena, dándose la vuelta y zambulléndose en el agua.
Días después a la luz del sol y a la luz de la luna, Dulce prosiguió su viaje, hasta que llegó a una playa. Allí se encontró con un animal un poco raro que tenía cuerpo de león, patas de gallinas, cabeza de águila con un cuerno en la frente, orejas de perro y alas de cisne. Estaba construyendo un maravilloso castillo de arena.
- No hace falta que me digas que vendrá la marea y se lo llevará- dijo la especie rara-. Esta arena es tan maravillosa que no puedo evitar hacer lo que hago. ¿Que harías tú ¿
- Claro yo haría lo mismo – respondió Dulce-. Por cierto: ¿no habrás visto algún dragón por aquí?
-Si no me equivoco, allí, en aquella cueva, vive uno- dijo la especie rara con su pala. Dulce le dio las gracias y, muy emocionado, siguió navegando. Poco después, llegó a la cueva, que le resulto muy familiar. ¡Era su propia casa! La pobre Dulce podía haber gritado con desesperación, pero en la entrada de la cueva, estaba su amigo el niño.
-¿Has encontrado algún dragón?- le preguntó el niño.
-No- suspiró Dulce-. Creo que soy único en el mundo.
-No importa- la consoló el niño-. A lo mejor yo también soy único en el mundo, ¿quién sabe?
La pequeña dragona sonrió.
-Vamos a jugar a los monstruos. Yo te perseguiré.
-¡Bien!- respondió el niño, corriendo por la playa con todas sus fuerzas para evitar que su amiga lo pillara.
Cuando Kevin acabó de leer el cuento el se durmió y al levantarse se encontró acostado en su cama, él se sorprendió y fue a llamar a su madre para decirle:
-¿Mamá nosotros no nos íbamos a mudar a otra ciudad?
Su madre sorprendida le dijo:
-Hijo, no digas tonterías ¿cómo nos vamos a mudar a otra ciudad? Seguramente habrás soñado.
El niño asombrado y medio dormido volvió a su cama para volver a soñar esos sueños tan maravillosos que tuvo de un libro.
Autora: Madelaine Nicole Méndez Ruiz 1ºA
