sábado, 17 de abril de 2010

Triste realidad


Era una tarde fría y triste del mes de enero, me encontraba sola en el salón de mi casa, pero dentro de mí presentía, que algo raro estaba pasando.
Una oleada de escalofríos recorría todo mi cuerpo, oía voces y veía como una serie de sombras e imágenes pasaban alrededor de mí sin que yo pudiera reconocer ni a una solo de ellas
Aterrada y casi sin poder mover ninguna de mis articulaciones, me dirigí a mi cuarto como pude. Era aún muy temprano, pero el pavor por el que estaba pasando me hizo ir a este sin probar bocado alguno.
Mi habitación se encontraba casi en penumbra, y yo sentía mucho frio, apenas me puse el pijama, me adentré en la cama. Pasado un tiempo adentrado en ella, era imposible entrar en calor. Los escalofríos que me habían recorrido todo el cuerpo no desaparecían, seguía escuchando murmullos en el salón de mi casa y oía cómo algunas puertas se cerraban y abrían. Yo me decía que eso que estaba ocurriendo solo era posible en mi imaginación ya que en mi casa, estaba sola.
Pasados unos instantes, todo quedó en silencio, solo susurraba un poco de viento, que dejaba pasar una rendija de mi ventana y que hacía que las cortinas se agitaran, todo estaba oscuro y frio. A pesar de todo ello, era incapaz de levantarme de la cama, ya que seguía aterrada. Al pasar el tiempo y cuando parecía que estaba recobrando la tranquilidad, todo este silencio quedó truncado cuando el picaporte de la puerta de mi habitación, giró como si alguien fuera a entrar en ella, pude oír como unos pasos se dirigían al cabecero de mi cama. Estaba aterrada, no pude hacer otra cosa que taparme con las mantas y ver un poco entre ellas como una sombra igual a las que pude ver anteriormente se dirigía hacia mí. Sentí que se sentaban en mi cama, y cómo una mano se dirigía a las mantas para levantarlas, claramente pude oír una voz que me decía “¿qué te está pasando, madre?”.

En ese momento comprendí, que algo raro estaba ocurriendo dentro de mi mente.

Con lágrimas derramadas sobre esta historia en la que escribía, llamaron al teléfono. Lo cogí y me informaron, de que mi abuela había muerto, el mundo se me cayó encima y no podía creer lo que estaba pasando. Pero siempre tendré en el recuerdo las últimas horas junto a ella, aunque por culpa del alzhéimer no pudiera reconocerme…

Autora: Monica Sánchez Parra 3ºA