martes, 20 de abril de 2010

Sara,la solitaria


Sara era una niña con una vida tranquila en un pueblo normal , o eso pensaba ella. Vivía en Miracusa un pueblo pequeño aislado de todo, con solo un colegio, un hospital, y eso sí, una biblioteca enorme, era la más conocida en toda la región. Gente de muchos lugares acudían allí para encontrar respuestas de todo tipo científicos, médicos o incluso gente corriente que solo quería adquirir conocimientos básicos.
A Sara le encantaba pasarse las tardes en esa biblioteca, era un mundo maravilloso para ella, aquel sitio era su rincón favorito, cuando se sentía estresada triste o simplemente aburrida visitaba esa biblioteca. Ella no tenia muchos amigos, la verdad es que no tenía, pero le importaba poco ya que en ese lugar no se sentía sola pensaba que no le hacia falta tener a nadie para entretenerse, y con diez años no había pisado un parque en su vida. A todos a los que le contaba su historia ponían cara de sorpresa y asombro ¿y qué si no se había tirado por ningún tobogán, ni había jugado nunca a la pelota?, ella se sentía feliz con sus libros y eso era lo que le importaba, aunque a veces se sentía algo vacía. En el colegio casi no hablaba con nadie solo con los profesores algunas veces, en el recreo se iba a la pequeña biblioteca que había allí, no tenía nada que ver con la biblioteca del pueblo, pero por lo menos se entretenía. Los profesores le insistían en que debía relacionarse con los niños de su edad y hacer amigos, que leer estaba bien de hobbie, pero que no se podía pasar el resto de su vida en la biblioteca. Pero ella no les hacía caso, ya que pensaba que los niños de su edad carecían de conocimientos, eran ruidosos y molestos.
Una tarde Sara estaba, como de costumbre, sola en la biblioteca. Esa tarde era lluviosa y eran casi las seis, y ella lo máximo que podía estar en la biblioteca era hasta las siete y media, así que se proponía terminar veinte mil leguas de viaje submarino y abandonar la biblioteca, cuando de repente entró un chico de su edad con la respiración entre cortada con un chubasquero amarillo empapado de agua de pelo castaño y ojos claros. Se paró a buscar al bibliotecario, y una vez lo encontró se encamino hacia él torpemente.
-Perdone, pero esta lloviendo a mares, ¿le importaría que me quedara aquí hasta que escampe?-le preguntó el chico con mucha educación.
-Pues claro hijo, así le harás compañía a la señorita de allí-le dijo el bibliotecario con tono amable y señalando el sitio donde se encontraba Sara sentada.
El chico miró hacia donde señalaba el hombre y se sorprendió al ver a Sara, eso afirmaba que ya la había visto antes, y Sara también reconocía la cara del joven, sin duda era Miguel, el popular de la clase, al que todo el mundo le caía bien el chico que todos querían ser su amigo y que él estuviera en su equipo de fútbol. Miguel se acercó hacia la silla que estaba al lado de la de Sara.
-Hola, ¿tú estas en mi clase verdad? Soy Miguel-se presentó el muchacho con simpatía.
-Ya sé quién eres, y sí, estoy en tu clase-le contestó ella de forma seca.
-Ah, pues lo siento, pero yo no me acuerdo de tu nombre¿te llamas...?
-Me llamo Sara.
-Encantado Sara, ¿cómo es que en el recreo no te he visto ni una sola vez?-le preguntaba Miguel mientras se quitaba el chubasquero, que seguía estando mojado. Llevaba puesta una camisa de rallas blancas y rojas y un vaquero desgastado con unas zapatillas, lógicamente, igual de desgastadas.
-Muy fácil, porque no salgo, me quedo dentro en la biblioteca del colegio, que no es como esta pero está bien.
-¿Y te pasas todo el día aquí metida?
-Sí, este sitio en realidad es divertido, aunque no lo creas tiene muchas secciones, y los libros son lo mejor.
-Suena aburrido, pero como no tenemos otra cosa que hacer, ¿te importaría mostrarme las secciones esas que tanto te divierten a ti? -le preguntó con desgana.
Sara suspiró, razón no le faltaba, otra cosa no podían hacer hasta que escampara. Los dos se dirigieron al interior de la biblioteca, le mostró la sección de historia y geografía, y él se aburría.
Entonces llegaron a la sección de la ficción, donde se encontraban libros de fantasía de misterio y muchos mas géneros que le encantaban a Sara.
-Esta es mi sección favorita-le dijo ella con entusiasmo.
-¿Y que clase de libros hay aquí?-preguntó Miguel con interés.
-Pues aquí están los libros de fantasía, aventura, acción y de misterio; desde Alicia en el país de las maravillas hasta Los tres mosqueteros y Sherlock Holmes y muchos más que merecen la pena leerlos un millón de veces.
-¿Todos esos libros te has leído?-le preguntó el chico asombrado.
Sara asintió con satisfacción, algunos incluso se los había devorado dos veces de tanto que le gustaban.
Entonces llegaron a la sección de miedo, esa era la única sección que Sara nunca había pisado, odiaba esa sección, era sombría y tétrica.
-¿Y aquí que clase de libros hay?-preguntó Miguel con más entusiasmo todavía.
-Ni idea, por esta sección no he venido nunca.
Miguel se adentró, Sara dudó pero le resultaba más incómodo quedarse en la entrada sola.
Todo estaba oscuro y los libros estaban llenos de polvo y telaraña, se notaba que no era la única que no iba a esa sección muy a menudo.
⁃ -Miguel, creo que deberíamos volver a comprobar si ya ha escampado.
-Espera ese libro es diferente a los demás-dijo Miguel tirando de él.
De repente una de las estanterías se desplazó hacia un lado dejando ver un pasadizo oscuro y frío.
-¿Qué es eso?-dijo Sara muerta de miedo.
-Es una especie de pasadizo secreto-le contestó Miguel igual de miedoso que ella.
Los dos niños temblando se introdujeron en el pasadizo, que los llevaba hasta una escalera hacia abajo en una especie de sótano y allí se encontraron los tesoros mas maravillosos que jamás nadie se imaginarían, desde cuadros de los libros más famosos y juguetes de algunos personajes incluso nuevas historias de cuentos de hadas de príncipes y princesas. Todo un botín escondido por el pueblo, que por casualidad Miguel y Sara habían encontrado, pero ese sería su secreto de los dos.
Desde ese día Sara se dio cuenta de que no era un pueblo normal era un pueblo especial, un pueblo que escondía los mayores tesoros y secretos que nunca nadie había visto y también desde aquel día Sara conoció a un amigo con el que compartir todas sus aventuras y tiempo libre, los dos se pasaban las tardes en aquella biblioteca a veces leyendo historias divertidas y otras veces en los pasadizos descubriendo nuevas maravillas y también algunas tardes las dedicaban a estar en el parque jugando con los demás niños pero eso sí, guardando el secreto de aquella biblioteca mágica.

Autora:Ángela V. C. 4ºA