
Había una vez, un niño llamado David. Todos los días, antes de acostarse leía siempre libros en los que aparecían: príncipes, princesas y dragones. A la hora de dormirse, en todos sus sueños resultaba ser el apuesto y valiente príncipe; la princesa era Claudia, la chica que le gustaba; y el dragón, Javi, el chico que siempre se metía con ellos dos.
En sus sueños, salía que la princesa era atacada en su castillo, por el temible dragón y siempre aparecía David con su enorme espada y luchaba contra él. Y cómo no, siempre ganaba David y se llevó a su princesa al castillo, estando allí protegida.
Claro que todo esto era solo un sueño del que no querría despertar. Pero cuando David se despertó todavía estaba en su sueño, estaba muy asustado, ya que no vería más a sus padres ni a sus amigos. El pobre estaba llorando y Claudia, consolándole, diciéndole que no se preocupara, que tarde o temprano despertaría y volvería con sus queridos. Pero no había manera de que David dejase de llorar.
Claudia le dijo que se calmara y que intentase otra vez despertar. Él hizo lo que le dijo, se despertó y se dio cuenta de que todo estaba en orden, menos una cosa. Cuando llegó al colegio, Claudia le sonrió y le dio un beso.
Autora: Elena Gálvez 1ºA
